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perros

septiembre 12, 2006

no puedo con ellos. todo empezó después de tener mi primer perrito en cuba. se llamaba Dinky. un chucho enano, pero guapo. recuerdo que aprendí a utilizar martillo y clavos y le construí una casita. bueno hoy en día diría que era una caja torcida con clavos torcidos y maderas de diferentes tamaños. a dinky se le unió un pastor alemán de capa negra… no podía ser que en casa de alguien que trabajaba en la embajada alemana no hubiera un pastor alemán. grande, era muy grande y lo llamamos Brujo. supongo que así intimidaría más. un día Dinky fué atropellado, fué como si arrancaras una pata trasera a un pollo al ast. Se la volvieron a poner. No se como. Recuerdo que después de un huracán, en el que habían caído muchos arboles, entre ellos “la mata de mango” que se cargó el techo de la cocina y también el banano. Tractores se llevaban los trozos de arbol, que todos los vecinos picabamos con machetes. De noche llovía y Dinky estaba en terraza cubierta, se le veía la costura y cuando amaneció el suelo blanco era bastante más rojo. Un vecino negro muy majo nos ayudó con lo que necesitaramos, nos enseño las tiendas, los parajes más bonitos, entraba en casa como si fuera uno más de nosotros… nos enseño a bailar salsa y: tenía un perro. Un boxer. Macho. Marrón. Se dice que son los mejores perros para cuidar de los niños. Debía tener unos 5 ó 6 años. Me tiraba encima del perro, las manos en la bocaza, tirarle de las orejas y nada… nunca pasó nada. Un día, no ví al amigo, pero si al perro y como siempre corría a jugar con el perrito amistoso y juguetón. Estaba de espaldas a mí y al tocarle, se giró. Estuvo a punto de morderme la mano. No había visto que el perro estaba comiendo. El negro me cogío por debajo de las axilas y en el último momento me dejó… con mano.
Después de un día de playa, volvímos y la casa estaba abierta. Dinky que se había curado estaba muerto y Brujo estaba tirado con la lengua fuera delante de un trozo de carne envenenada. El amigo había vaciado la nevera, se había llevado algunos electrodomésticos y no tuve mucho más contacto con perros, hasta muchos años después. Nunca volvieron a gustarme los perros. Ladrido es igual a sudor, taquicárdia y me encoja con miedo. Eso me pone muy violento y pierdo momentaneamente el control sobre mí mismo. Picores, pelos por todas partes, veo pelos dentro de vasos, en la comida. Atraigo la baba de los perros.
Fobia.