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Entendiendo: Au Hasard Balthazar (Robert Bresson, 1966)

noviembre 9, 2006

Desde el absoluto desconocimiento de Robert Bresson voté a su favor, para saber que hacía ese nombre que resuena. Poco a poco fui investigando si solo era yo el que desconocía a Bresson. Empecé preguntando a gente normal, no cinéfila, de al rededor de 40 años si le conocía y lo confundieron con el fotógrafo Cartier Bresson. No adelantaba. El siguiente paso para ver si entendía era preguntar a gente cinéfila y los calificativos más nombrados eran sobriedad y más tarde ascetismo. Aunque no sé si por pedantería o por desconsolada incomprensión rehusaban hablar demasiado tiempo sobre este director. Finalmente pregunté a 2 universitarias francesas, cuanto sabían de Bresson y se repitió el absoluto desconocimiento. Me pareció interesante la idea.

Durante el visionado del film me di cuenta que tenía la sensación de que después de cada cambio de plano se pudiera cerrar un capítulo(¿sería esta la sobriedad de la que me hablaron?), que se justifica por el cuidado extremo de la puesta en escena y el cálculo exacto de qué elementos deben salir en cuadro. Y de ahí a constatar que domina el fuera de campo hay solo un paso (p.ej.: escena de las gamberradas con mancha de aceite).

Sobre el sonido es personalmente uno de los puntos que más me parece apetecible, de cierta forma salva la película a mi modo de ver. Lo salva la sonata 20 de Schubert y el uso del Jazz como elemento transgresor cuando aparecen los jovenes

Al digerirla, cuestión que me llevó su tiempo, me hizo pensar en E.T. y su parecido con el Evangelio según San Mateo. Y leyendo sobre Bresson (no hace falta leer demasiado, con repasar los títulos de su filmografía, sobre todo la inicial) te das cuenta que tiene un fuerte vínculo religioso. Y si se resume la película en pocas palabras, se podría decir que son una colección de maldades que se le hacen a un burro, que me parece sospechosamente con otra analogía bíblica como la Pasión de Cristo. Aunque parece que no se persiga una copia, por eso creo que finalmente habría que considerar al burro como un santo y no mucho más. ya que puede verse que se tratan variedad de temas como el retrato de la juventud y su rebeldía “moderna” en el cine, su amoralidad, su crueldad con el burro del que Gerard es su máximo representante y falta de respeto hacia las normas sociales y la policía.

Siendo una película que cuenta con un burro como protagonista o personaje que nos guía a través de la historia, podemos decir que la identificación con este se da gracias a que acompañamos al burro con muchos primeros planos y planos detalle de su vida cotidiana. El momento en el que esto se hace más patente es para mí el momento de dialogo con los demás animales, sobre todo en el circo, donde se refleja la sumisión y el abuso que el hombre hace de los animales.

Un elemento que destaca en la película es el acting de los actores. Aunque leyendo sobre la película llegas a la conclusión de que no son actores y son personas normales y corrientes a los que se les machaca un gesto y una frase hasta sacarles cualquier artificio. No creo que sea recomendable poner a personas poco expresivas al lado de un burro, que pobre de él, no tiene la culpa ni necesidad de ser mucho más expresivo de lo que es. Y cuando se supone que lo es, se consigue a través de un efecto Kuleshov.

Tanto esfuerzo para comprender lo que vemos pantalla y la poca bidireccionalidad que comporta, hace que sea una película tragable pero que finalmente te provoque una complicada digestión.

Dentro de lo que cabe entiendo, a partir de esta película, que Bresson pueda haber servido de inspiración para posteriores autores para expresar mucho con poco (para estos casos personalmente me purgo con Hierro 3), pero definitivamente no es una película que se deba ver con tu pareja en la cama… casi acabo en el suelo.