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matar

octubre 15, 2008

Me lo contaba con tanta tranquilidad, que no me podía creer que hubiera podido ser capaz de hacer lo que decía.

-Y es que todo empieza como un juego, -decía.

No le faltaba razón, en los juegos empezamos a desarrollar el carácter futuro. Pienso, por ejemplo, en ese niño al que su mamá le facilitaba todo, que le recogía las cosas, le traía las pantuflitas para que no agarrara frío en los pies. Acaba siendo un mierdas, un acomodado al que si se descuida de sus pensamientos, dice en voz alta: – Bueno, puesss, si no lo hago yo, ya lo hará otro.

-Y claro, me jode, pero no se ni como perdí la cabeza, -contaba este desconocido, en principio tímido. (Me cuesta recordar qué mágicas palabras debo haber utilizado para que confiara tanto en mí de golpe.)

– Y… bueno, pues eso, comienzas de pequeñajo, ves como puedes sembrar el caos en un termitero gigante, arrancándole las antenas a dos o tres hormigas. Disfrutas como la tierra roja empieza a volverse negra, te lloran los ojos, pero es del ácido que desprenden los ataques venenosos del instinto. Te excitas, te revuelves, comes con mas ganas y no entiendes bien porqué te despiertas tan cansado a la mañana siguiente. -hablaba pausadamente, la adrenalina que había irrigado su cuerpo horas antes, parecía como si le hubiera transformado en un ser inmune a las alteraciones.  Pensé también en el llorica, ese traicionero compañero competidor en el cajón de arena del parque, después del cole. Su niñera a veces desaparecía. Y no había manera de hacerle callar. Si no le sujetaban el pitito era capaz de mearse encima. Maldito llorón. (Con un poco de arena en la boca, seguro que no chillaba tanto.)

-Te entiendo, sigue, por favor – le dije, no era cuestión de cabrearle. Aunque creo que le había comenzado a caer bien. Se había roto la distancia y nos acercaban los lazos invisibles de acero, que conectan la tierra firme del que sabe que ha pecado a las pilastras gigantes, clavadas en el fondo de un río confesor. Tenía que acabar de ayudarle a cruzar hacia la otra orilla.

-Tienes unos hamsters, que se reproducen como conejos (sonreía) y ves como su jaula se hace cada vez mas pequeña. Vivir tan apretujados… Te dan pena y los vas sacando más y más de la jaula, hasta que un día no dejan que metas la mano en la jaula. ¿Morderán a la mano que les da de comer? Lo compruebas. Afilados como cuchillas, te sangran la mano, sucios dientecitos cabreados. ¡Hijos de puta! Con una bolsa coger a dos o tres y oírles chillar cada vez que se rompía un órgano interno, una costillita, una pelvis…eso era… y es que, a bolsazo limpio contra la pared, se acaban rápido las ganas de morderte ¿Verdad amiguitos?

Hay que ver lo agresivos que son los hamsters en comparación, con lo dóciles que son los ratones o las ratas… bichitos incomprendidos y mucho más abiertos a aprender, por ende mas inteligentes. Y nosotros imbéciles… seguimos prefiriendo comprar hamsters.

-Y cada vez que mataba algo, la paz que me invadía, era proporcional al subidón que me entraba. Se pisa una planta, se arranca una flor, te meas en un hormiguero, quemas un avispero, le echas sal a una babosa, pisas cientos de orugas, envenenas algunas cucarachas, oyes como crujen, de un escobazo te cargas un topo del jardín…. y claro, como mi viejo no castró a los gatos, cada tantos meses había que tirar gatitos al río. Primero en un saco, pero al poco tiempo eso era aburrido y aunque seguías llevando los gatos al puente dentro del saco, lo abrías y dejabas caer uno a uno. Chapoteaban un poco, se hundían otro poquito. Río abajo se encontraban hinchados. (sonreía) Parecían esos asquerosos gatos obesos, pero en mini.

Debo confesar que oyendo estas palabras me puse un poco nervioso, pero su manera de hablar era magnética. Jugar a matar o expresiones que incluyen la muerte, las hay a patadas y solo que te falle alguna conexión en el lóbulo prefrontal de nuestro cerebro puede hacer que lo que pienses se transforme en un hecho. Por eso atento, amigo conductor, los juegos de los niños son importantes. Lo son.

Después ves a un chaval desesperado por la crisis (y es que esta empeora cada vez que la oyes o la vuelves a leer…buena psicosis) que te saca un cuchillo a las siete de la tarde por Via Layetana. Le sonríes -¿Que vas a hacer con eso? El chaval, que nunca ha jugado a morirse de hambre y a pasar vergüenza por no poder pagar lo normal, mira su cuchillo y sin decir una palabra intenta parecer amenazador. – Es un cuchillo de cortar pan, no tiene punta…¿no crees que vas a tardar mucho en serrarme? Practicando la vergüenza, se gira, cruza la calle casi sin mirar y desaparece… recordando la vez que se cortó el dedo cortando el pan.

– Y es que, los muertos son muy interesantes, recuerdo una vez  que iba por la calle, en nuestro barrio, vi al perro del vecino corretear sin correa, iba al jardín de al lado a encontrarse con otro perrito. Lo hacían a menudo. Creo recordar que se llamaba Lobo y que lo odiaba porque siempre me ladraba. Le tenía un poco de miedo. Un día desde lejos lo vi cruzando la calle, pero no llegó a la otra acera, pues un coche que no sabía de la vieja costumbre de visitas de Lobo, lo golpeó de lado, voló y cayó cerca de la acera. Parecía que iba a levantarse, pero no. Me acerqué, tenía la mandíbula desencajada y partida, le salía sangre por una oreja(la que estaba apoyada, así que se iba formando un charquito rojo y hediondo bajo su cabeza)… le dije:

-¿Ya no volverás a ladrarme, verdad?

El perro no dijo nada, pero dentro de mi cabeza le oí, me decía que me apartara, que me iba a morder. Yo me alejé agarré un palo y empecé a pincharle. Gemía y tenía la barriga hinchada. En mi cabeza se repetían las amenazas y haciéndole un favor, reduje la presión interna. Le pinché un ojo, la barriga y me quedé a su lado hasta que estuvo frío y había parado de insultarme…- se quedó callado y me miró.

Yo intenté volver a encajar mi boca por si le recordaba a algún perro. Tragué saliva, la poca que me quedaba e intenté averiguar porqué había venido a hablar conmigo. Este me respondió lo siguiente:

-…. bueno. Y… y yo siempre recuerdo aquel día que me cambió. El día en el que aparté un imposible. Fue cuando propuse a una amante de los animales que tener demasiados, no era bueno para los animales. Que se volvían agresivos, que había que castrarlos para que no se multiplicasen. Pero ésta necesitaba mas a los animales, que los animales a ella y por eso no pudo hacer nada. Su sueldo no le llegaba para pagar casi el pienso de los que ya tenía. Así que iba a ser imposible alimentar los 5 ó 6 perritos que iban a nacer próximamente. Y claro, semanas más tarde nació una camada de 11.  Me pidió que acabara con ellos, pero que nunca le hablara de como lo había hecho, ni de que lo había hecho. Yo cavé una tumba. Encerró al resto de bestias, distrajo a la madre hambrienta. (once perritos chupandole las tetas eran muchos perritos) Con un bate de baseball y un golpe seco y corto en sus blandos cráneos bastaba. A veces había que darle dos o tres veces. Cuando llevas 3 te dices : Pan comido. Pero la muerte mecanizada, casi industrial es diferente. El quinto chilló, pierdes la concentración y en vez de apuntar a la cabeza, apuntas a la espalda… Mierda. Uno más. El octavo, es demasiado, pero tienes que acabar el trabajo. Morirán de hambre o vivirán una vida poco digna. Todos los vecinos conocen la casa, ya nadie acogerá en su casa otro perro más. Y castrar sale a 100 Euros mínimo. Joder, parece que el sexto, que era blanquito, no está muerto del todo y desde el fondo de la tumba empieza a chillar. Mierda, mierda… ¿no te vas a morir nunca? Creía que esto ya no me afectaría. Metes el pie en la tumba y aplastas la cabeza. Faltan tres. No pienses mucho y acaba con esto de una vez. Uno, dos y tres. El bate regalima zumo de sesos. Se parece al jarabe antitusivo. Ajjjj. Echo tierra y algo se mueve, pero no voy a volver a bajar a la tumba. Tiro más tierra. Unas rocas y encima una tabla para que los perros no desentierren los bichos del jardín. Mas tierra y agua. Tierra seca y una maceta bien grande y pesada.

Por primera vez vi algo de humano en sus ojos, no era más que un poco de agua salada pero no llegó a brotar demasiado.  -Tranquilo.- le dije. -Sigue… De fondo ya empezaban a oírse plañir a las sirenas. Éste agarra los caja del lado de mi mesa. Sonrío. Se lo enciende y se frota las manos. Caen restos de sangre seca.

-Tranquilo, lo importante es que me lo cuentes todo y si encima te arrepientes, mucho mejor.

– Y es que, esta mañana, te prometo que no quería hacerlo, pero había bebido demasiado la noche anterior y al no poder dormir. Por la madrugada encontré un chino de estos que venden dvd’s por la calle, me lo llevo a casa. Me pongo cómodo, una cervecita, una peli y tu en bolas, que pa eso estás en casa. Le dices al chino que meta el dvd . Y al ponerte la peli, va y no se oye nada. Me cogió un cabreo. Demasiado pedo como para volver a bajarlo a la calle. No me acuerdo pero creo que le grité o le pegué, de algún sitio tiene que haber salido este moratón. Me despierto y veo a dos polis que han entrado por el balcón y me están tocando con sus linternas. La tele a toda mierda. Claro, me puse a ver la peli sin sonido con el volumen al máximo, cuando acabó una hora más tarde yo estaba to sobao

-Señor, despierte. Nos han llamado sus vecino preocupados. ¿Podría bajar el volumen?

-¿Pa qué me despiertas? Apaga la tele y largate.

-¿Señor podría ponerse algo?

-¿Pa qué si ya me lo has visto todo?

-Los vecinos nos han llamado, tenía usted el televisor a todo volumen. ¿Está bien?

-Me duele la mano y la cabeza del cebollón que he pillao.

La mano con una fea herida hizo sospechar a los polis, que poco después encontraron al chino en la habitación de al lado.

-Tengo tus datos, me firmas esta declaración y trabajaré tu caso. Ahora, te acompañará este guardia a tu celda. No dudes en llamarme si te acuerdas de algo mas… Por ahora es todo. Voy a seguir, que ya me traen el siguiente.

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camión

octubre 8, 2008

recuerdo que de pequeño tenía una colección gigante de cochecitos, con 4 ó 5 años sabía sus marcas y a veces hasta los modelos…. me siguen gustando los coches hoy en día.

pero recuerdo que yo creía que de mayor quería ser camionero. un coche lo conduce cualquiera…- creía yo. conduje el primer coche en sudamerica a los 13 años y desde entonces siempre me gustó eso de … conducir.

yo creía que los camioneros tenían que ser personas muy responsables y muy sabias ya que recorrían grandes distancias. pensaba que llevar mal un bicho tan grande podía ser muy perjudicial para los demás.

al empezar a trabajar en la producción de películas recuerdo que conduje el primer furgón grande y poco a poco, con la experiencia y la edad exigida, fui subiendo hasta el tonelaje mas alto que permite mi carné.

en los últimos 9 días he recorrido 5396 km encima de un camión.(bcn-zaragoza-bcn- stuttgart- madrid- bcn). y es interesante como cuando pasas muchas horas solo en tu camión, con la compañía de la radio de diferentes países, el gps y sus voces normales, las humorísticas y las eróticas, los cd’s que hacía tiempo no escuchabas, los cigarrillos que te vas fumando de tanto en tanto, como vigilas tus horas de conducción, controlando la cantidad de red bulls que te quedan para llegar al ansiado destino, como antes 3 horas eran mucho y lo poco que es cuando tienes 16 horas por delante…. como después de todo eso cambia la imagen que tenías de los camioneros de tu infancia.

Yo de mayor quiero ser camionero!

es lo que pensaba, no diría que no ahora, pero tengo otras preferencias. aun así es interesante ver como se ayudan entre sí, se pican, se reunen en las areas de descanso, como llaman a su país y les ves sonreír, como se comunican por radio con los compañeros, como conocen mejores caminos que tu gps…