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vivencia lynchiana, tragar, y producir sentido

octubre 26, 2010

humo… humo de máquina de humo, cabeza de cerdo, habladurías y un tabernero loco que empieza a cantar y tallar iluminaciones en la madera de mesas y taburetes.

las malas lenguas dicen que podría ser tu padre, naturalmente dicen todo lo contrario, ¿pero es información o rumor, es benévola o maligna, desinteresada o manipuladora?

kino de 4 tubos, ruidos de pala en el jardín, el riachuelo lejano del bosque, roces de un abrigo de camuflaje en plantas prehistóricas al acecho…

has dicho….??? – sé lo que dije, lo que quería decir con ello es lo importante!

le cortó un pecho y lo puso encima de su nevera, en su mente recordaba el olor de la leche podrida, ese fue el único motivo de no meterlo en el congelador… aunque estaba lleno de jabalí y conejo así hubiera dado igual.

dicen que también pudo haber sido quien mató a quien tanto echas de menos… la muerta solía visitar los bosques para espantar la soledad, con un desconocido pretendía espantar el abandono del marinero de grandes y fuertes manos. recordaba con añoranza sus nudos de marinero

es curioso mirar el polvo que cae a través de los rayos de sol de la tarde, probablemente son granos de madera podrida o restos de mosca digerida por una araña que empezó toda esta caída de polvo.

los paseos al atardecer eran interminables, el atlántico a lo lejos, bueno terminaban al volver a encontrar la cabeza, para volver a encontrar el coche, para volver a encontrar la botella debajo del asiento del copiloto, para volver a encontrar la razón de tu dolor de cabeza, que vuelve a decirte:

coge el puto coche y vuelve a casa. muerta o no, tienes que volver a casa.

La hija vuelve a casa recuperada, con las pilas cargadas del sol del atardecer. cada kilómetro que pasa confía menos en que pueda dormir esta noche.

quedó con su amiga en el bar, ella hablaba distraída, la distracción llevó a una discusión, los pensamientos desconectados. solo conectados con el dolor propio, lejos de la compresión y un reconfortante abrazo que te haga sentir entendida. pide apoyo y la confrontan con rumores tabernarios.

la mujer del viudo cazador destilaba un vino de muerte. maceraba las fresas, los higos, cuando habían y cocinaba un pulpo delicioso. vendía la carne de su marido y compraba peces y pulpo, vieiras y mejillones, lo que la ría echara ese día.

ella no paraba de repetir ese sueño angustioso, matemáticas, un examen inacabado, un sudor frío, un cuello desde un ángulo extraño, girando encima de una tumba… noche … Le debía, se lo debía. Pensaba en su madre aunque fuera incapaz de decirlo… La culpabilidad no se lo permitiría

travelling out.